jueves, 10 de junio de 2010


Dear Mr. Gable...

Es cierto que parecía un chango con enormes orejas, como lo dijo el productor Darryl F. Zanuck, el día que le pusieron delante a Clark Gable, un extra de tres al cuarto con los 25 años pasados. Un hombre imperfecto.


Llegó a la Paramount haciéndola de relleno, luego de bit, y en el mejor de los casos, de villano. Para comprobarlo: En "La Viuda Alegre" de Erich Von Stroheim, es de los bailarines del salón dominó; quién le iba a decir al inenarrablemente guapo John Gilbert, el galán de ésa película, que uno de los extras iba a ser el próximo King of Hollywood, mientras él se hundiría en el fango de los olvidados del cine silente.

Gable nunca tuvo papeles secundarios en las películas silentes, de tal suerte que no hay forma de verlo actuando con aspavientos y expresiones exageradas, dignas del Hollywood primitivo, como se usaba en la época; su primer papel decente fue en el filme hablado "The Painted Desert" de 1931 donde sale de vaquero maloso nunca arrepentido por sus crímenes.

Para entonces ya tenía 30 años, no era ningún baby ni pintaba para galán; en realidad, sus chambas de extra las consiguió porque se casó con una "acting coach" a los 17 años. Si, ni Gable se escapó de los enchufes de esta perra vida ingrata. Pero claro, una vez en el barco, había que buscarse la vida por sí mismo y entonces se hizo amigo de Lionel Barrymore, que le dio la oportunidad der hacer unos screen tests para él y Zanuck.

Fue aquí cuando Zanuck le dijo "chango", y su amigo, el buen Barrymore, tampoco le vio cualidades de estrella, con lo cual uno comprueba que si a Gable lo bateó su mejor amigo, qué nos podemos esperar los simples mortales cuando vamos con un conocido para pedirle trabajo.

El punto es que no se conformó con el insulto y se fue a probar suerte a otro major studio, la MGM, donde el visionario productor Irving Thalberg lo contrató y le hizo varios castings para las películas que estaban en preproducción; para la buena suerte de Gable, la ya famosa Joan Crowford lo vio y lo pidió para ser uno de sus galanes en "Dance, Fools, Dance". Thalberg no le iba a decir que no a su estrella del momento y puso a Mr. Gable de cínico gángster en esta comedia de humor negro, donde le propina una muy buena cachetada a William Bakewell. Gracias a esa película consiguió a su primer agente, Mina Wallis, amiga íntima de Norma Shearer, esposa de Thalberg. Insisto, sin relaciones públicas uno no vale ni siquiera lo que realmente vale.


Entonces llegó el boom cuando Frank Capra lo puso de protagonista en la primera comedia romántica de la historia, "It Happened One Night" de 1934, al lado de Clara Bow, que ya era una leading lady cuando Gable apenas era extra; de hecho compartieron el set en "The Plastic Age" de 1925, ella como protagonista, él como "fulano parado en el bar".

Creo que la belleza de Gable es apreciable porque su papel es exquisito; es un periodista encantador que usa la ironía como base de su cabal encanto, y sus burlas constantes hacen que te rías no sólo de la pobre Clara Bow, que las padece, sino de cómo Gable no hace mucho por ganársela; la película funciona porque él no es obvio en sus intenciones. Es un cínico, un irónico.

La parte medular del filme sucede en una habitación de hotel y ahí, Gable lleva el peso por encima del personaje de Clara, que funge como patiño: es caprichosa, contestona y snob, y por eso Gable se luce, por eso encanta y por eso se ve guapo. Porque es un cabrón. Y a todas nos gustan los cabrones que nos sonríen mientras nos dicen lo que no nos gusta escuchar.



Ése fue el éxito de Gable y por eso sus papeles subsecuentes como galán no fueron de apasionado y dulcísimo héroe en busca de su amada; fueron los del galán macho y rudo que en el fondo amaba, pero no se dejaba vencer. Y por añadidura, tenía un cuerpo de escándalo, era fornido, sin el pelo en pecho que se usaba en la época, y además poseía unos brazos tarzanescos, incluso estuvo considerado para el papel de Tarzán, pero su poca gracia en la alberca lo impidió; a cambio, dejó ver parte de su torso para hacerle salvajemente el amor a Jean Harlow en "Red Dust".


Gable era el primer galán sucio de Hollywood, el antecesor de Viggo Mortensen, por ejemplo, en cuanto a estética. Incluso en sus papeles de héroe de aventuras, siempre fue el capitán del barco y el líder de los oprimidos que salía descamisado a dar órdenes, y a gritar a sus comandados con medio cuerpo fuera y barba a medio afeitar.

No solía ser un caballero de la pantalla, por eso cuando el productor David O. Selznick le ofreció el papel de Rhett Butler en su venidera producción de 1939 "Gone With the Wind (Lo que el Viento se Llevó)", Gable no parecía convencido. De entrada, porque el filme era producción de otro estudio y la MGM tendría que prestar a su estrella, y luego, porque el guión no estaba terminado y la producción parecía pretenciosa.

Too much para Gable, que recientemente había sido bautizado por Ed Sullivan como "The King of Hollywood", en una encuesta que hizo en su columna del diaro Variety. Si, Gable estaba en los cuernos de la luna. ¿Se iba a arriesgar a hacer un papel de refinado hacendado sureño con un estudio que no era el suyo?

Pues si, porque su entonces novel esposa Carole Lombard lo convenció de que no fuera burro y que por lo menos leyera la novela; Gable le hizo caso y accedió al papel. En principio, George Cukor la dirigía, pero tuvo desacuerdos creativos con Selznick y Cukor acabó botándole el trabajo a la mitad.

Enseguida trajeron a Victor Fleming (The Wizard of Oz), y lo primero que hizo fue hacerle cambios al guión que no le gustaron a Selznick; entonces la producción paró, se re-escribió el guión, se hizo un nuevo shooting list, y mientras tanto, la señorita Vivien Leigh, que había sido propuesta inicial de Cukor, hacía del conocimiento de todo el mundo que odiaba la producción y estaba furiosa por el cambio de director y en un arranque de mal genio, le confió a un periodista que estaba harta de mal aliento de Clark Gable.

¡¡¡??? ¿Mal aliento? Había distintas versiones, una de ellas era que los jackets de Gable olían mal, otra, que le gustaba comer huevos con cebolla para molestarla porque le caía mal por caprichosa, pero la oficial fue que ambos comían cebolla para no tener que preocuparse por el aliento del otro. La anécdota se convirtió en un clásico de galería de Hollywood.



Gable no se había quejado hasta ese punto, pero los retrasos le impedían hacer otros trabajos que había pactado con la MGM y eso lo empezó a incomodar; una vez reanudada la producción, resultó que las imágenes eran más oscuras que las anteriores, así que Selznick echó al fotógrafo y se consiguió a otro, cuya consigna era igualar la visuazliación que se había logrado en la quema de Atlanta, que fue la primera escena filmada de la película y la única que sobrevivió al despido de Cukor.

El fotógrafo Ernest Haller lo logró, pero había un problema que nadie había previsto: los sets eran demasiado falsos; si bien los estudios siempre usaban sets pintados, para lograr la autenticidad que exigía "Gone With the Wind" al usar locaciones naturales, éstas contrastaban para mal, así que una vez más, todos para abajo a esperar los nuevos sets.

Luego Fleming cayó en una crisis nerviosa y tuvieron que traer a Sam Wood como director interino para no parar la producción, luego se les acabó el dinero y el Banco de America les dio un millón, después, las actrices habían engordado y ya no les quedaba el vestuario, para la mitad del año -la producción había empezado en enero-, el elenco afroamericano se puso en huelga si no quitaban la palabra "nigger" del filme. Se les dio gusto.

El 1 de junio se terminó de filmar. Gable finalmente habló luego de esperar pacientemente tantos desaguisados: "Ahora sé lo que siente una mosca cuando la atrapan en una telaraña"·


Lo que Gable no sabía, es que esa telaraña lo iba a convertir en un inmortal de la cultura cinematográfica. David O. Selznick pensó en una publicidad sin imágenes: los trailers del filme eran dibujos que no revelaban ni una sola escena del filme, no hubo fotos del making of y nadie sabía cómo lucía Gable en su traje de Rhett Butler.

Cuando se estrenó la película, la reacción fue escandalosa. Rompió récords de taquilla, recuperó diez veces más su valor, ganó 10 Oscares incluido el de Mejor Actor para Gable quecabó dándole su valor: "Si mañana mi carrera cayera en un fiasco, bastaría con re-lanzar Lo que el Viento se Llevó para volverme a poner en la cima".

El macho se engalanaba, y además aprendía a llorar frente a cámara, porque si bien azotó la puerta con el famosísimo "Frankly, my dear, I don't care a damn thing about it", haciéndole honor a su envergadura de hombre furibundo, antes se deshizo en fragilidad ante los rechazos de Scarlett y sus dolores como padre despojado.

Oh, yes, Mr. Gable. Cuando la cámara baja en dolly-in por las escaleras de la mansión de los O'Hara y usted voltea sonriente hacia Scarlett, el tiempo se detiene en un suspiro que vaga entre la envidia y el deseo. Si, Mr. Gable, por eso Judy Garland le cantaba que lo amaba, por eso Grace Kelly se enamoró de usted en la calurosa sabana africana de Mogambo, y por eso Greta Garbo no lo quería, porque le robaba miradas en pantalla.


Gable renunció a la MGM luego de haberse enrolado como piloto en la Segunda Guerra Mundial y haber perdido en un accidente aéreo a su esposa Carol. Sus películas venideras oscilaron entre lo olvidable, lo mediocre y lo decente, para terminar admitiendo que a los 60 años ya no se podía seguir siendo galán. Incluso, en la comedia romántica de 1958, "Teacher's Pet" con la cursilísima Doris Day, el director George Seaton tuvo órdenes de filmar en blanco y negro para disimular las arrugas y el sobrepeso de Gable.

Su último filme como galán fue con Sophia Loren en 1960 "It Started in Naples", a color, con una dieta impuesta por contrato por la Paramount para poder hacer el papel de hombre maduro pero guapo.

La televisión pudo ser un escaparate para él como lo fue para muchos de sus contemporáneos actores, pero quién sabe, cuando has nacido viendo a Fairbanks y Valentino, cuando has visto en estreno en el cine las películas de Griffith, cuando has actuado bajo la dirección de Von Stroheim, cuando has estado al lado de Gilbert y los has visto caer en la oquedad del silencio, cuando te has visto en la pantalla de plata organizando un motín, cuando has besado en close-up a Joan Crowford y a Lana Turner, cuando has amado a Scarlett frente al fuego ardiente de Atlanta, ¿quién va a querer verse en ese pequeño aparato impersonal?

Gable no. Nunca aceptó una oferta televisiva y pronto se puso a las órdenes de John Huston para hacer el último papel de su vida: "The Misfits", un guión escrito especialmente para Marilyn Monroe por su entonces esposo, el dramaturgo Arthur Miller, quienes pidieron personalmente al studio, que Gable fuera el protagonista.


Gable murió durante la edición de la película, nunca vio el corte final. Su salud estaba en crisis desde la muerte de Carole Lombard, porque se había volcado a la bebida y su hígado estaba muy dañado para los años 60's, además, su corazón le venía dando problemas. Circulan insistentes rumores de que los retrasos de Marilyn en el set y sus continuos olvidos de parlamentos, desesperaron a Gable y lo hicieron pasar muchos corajes que terminaron con un infarto.

Nadie lo confirmó nunca. Lo único seguro, es que una de las más grandes estrellas de Hollywood había muerto tras su mejor interpretación.

Siempre he dicho que George Clooney se parece encarecidamente a Clark Gable: su mentón, sus arrugas al rededor de los ojos, la estrcutura ósea de su cara, su figura de galán viril y maduro, y su encantadora sonrisa cautivadora, lo hacen casi mimetizable Gable, y a últimas fechas, a su calidad de estrella. Pero los hace diferentes una cosa: el tiempo. Gable fue una legítima estrella de cine, de puro-duro y auténtico cine.


Tal vez algo más.

El bigote antiguo que te recuerda porque Clark Gable no es de este mundo banal de hombres carilindos, hippie-chics o bohemios.

Ahí estaba él: con sus orejas enormes, su cabello lacio y negro bien peinado, su sonrisa desviada con dientes pequeños, las enormes arrugas de sus mejillas y su frente cuadrada; sus manos gruesas de campirano nacido en Ohio, y su voz profunda, amaderada; imperativa.


Dear Mr. Gable, I am writing this to you...








PAUL NEWMAN, BANDIDO DIVINO

Era hermoso y tenía unos ojos azules de encanto, mejillas pomulosas y triangulares y un cuerpo perfecto; aún de viejo seguía siendo impactante y personalísimo. . . sólo que le encantaba interpretar matones, renegados y cabrones.


Una jovencita se acercó un día a pedirle un autógrafo a Marlon Brando....o al menos eso creyó ella. Le tocó el hombro y le dijo: “me da su autógrafo por favor, Señor Brando”. El actor firmó: “Para Peg, Marlon Brando”... sólo que no se trataba de él sino de Paul Newman que cuando empezaba, lo confundían todo el tiempo con Brando. A sesenta años de aquella anécdota, Paul Newman ha cerrado sus profundos ojos azules: murió el gran galán, el intérprete cool, la última movie star de Hollywood.

En 50 años hizo 65 películas, una de ellas, dirigida por el director mexicano Luis Mandoki en 1999, “Mensaje en una Botella”. La última fue “Camino a la Perdición” con Tom Hanks y Jude Law en 2002; para el 2005 se llevó sus últimos Emmy y Globo de Oro por su actuación en la mini serie de HBO, “Empire Falls” y todavía en 2006 le dio voz a Hudson, uno de los personajes de la película animada “Cars” de Disney.
Esa fue su última interpretación; en 2007 dijo en un programa de la ABC que ya no le interesaba actuar porque no se sentía el nivel de antes: “Empiezas a perder la memoria, tu confianza y tu inventiva, así que para mi es suficiente para cerrar ese libro”.

Pero, ¿cómo comenzó todo?
Newman era el hijo de un vendedor de abarrotes en Celveland, Ohio, cuando su tío y su madre lo apoyaron para ir a Nueva York en busca de suerte como actor. Su primer paso fue enrolarse en la prestigiada escuela “The Actors Studio”, en la que fue contemporáneo de James Dean y Marlon Brando.

Sus primeros papeles fueron en televisión y luego se buscó la vida en la pantalla grande. Es famosa la prueba de cámara que hizo al lado de James Dean para la película “East of Eden” (Elia Kazan, 1955) y que está disponible en los extras del DVD.

Newman no se quedó, Dean sí. Pero fue precisamente tras la muerte de Dean en 1956 que Paul tuvo su primera oportunidad importante, pues se quedó con el papel que Dean ya no podría protagonizar en el filme “Somebody Up There Likes Me” (Robert Wise, 1956).

El estrellato le llegó casi de inmediato con el “The Long Hot Summer” (Martin Ritt, 1958) por la que ganó la Plama de Oro al Mejor Actor del Festival de Cannes al interpretar a un fugitivo en busca de redención.

Este papel definió en adelante, la elección de personajes de Newman: parias, anti-héroes y sinvergüenzas, como en “Cat Over the Hot Tin Roof” (Richard Brooks, 1958), donde fue el marido alcohólico de Elizabeth Taylor, en “The Hustler” (Robert Rosen, 1961), en la que era un jugador de billar endeudado, y “Cool Hand Luke” (Stuart Rosenberg, 1967), uno de sus mayores éxitos, encarnando a un presidiario.

¿Qué galán de cine se arriesgaría a interpretar bandidos, mafiosos y renegados? Sólo Paul Newman. Y sin embargo, también inmortalizó algunos héroes, como en “Exodus” (Otto Preminger, 1960) y “Torn Curtain” (Alfred Hitchcock, 1966).

Ya en su temprana madurez, siguió su línea actoral e hizo pareja con Robert Redford, íntimo amigo suyo hasta la muerte de Newman, en las comedias de George Roy Hill “Butch Cassidy and the Sundance Kid” (1967) y “The Sting” (1973), dando vida a dos bandidos que alcanzaron altas etiquetas en la cultura pop del mundo.

Porque si algo tuvo Newman fue precisamente versatilidad y sobre todo, la gracia de haber traspasado la grieta que hubo entre el cine de los 50 y la década venidera.

Hollywood todavía hacía musicales, westerns y cine noir cuando apuntalaban nuevas propuestas que cuestionaban la vida política y social del momento. Y Newman actuó para ellas. Fue el actor “de la ruptura generacional” sin haber tenido que cambiar su estilo, o sea, brincó de los 50 a los 60 y todavía a los 70 nice n' easy.

Para los 70 ya era una estrella de cine inamovible e incluso se dio el lujo de dirigir sus propios proyectos, varios de ellos con el tema del automovilismo, su otra gran pasión en la vida. De hecho, se convirtió primero en piloto profesional al igual que su amigo, el también actor Steve McQueen, y terminó festejando su cumpleaños número 77 en el circuito de Daytona Beach donde ganó la carrera y entró al Record Guiness como el piloto más viejo en ganar un serial. Luego se contentó con ser el dueño de la escudería Newman/Haas Race de la Indy Series.

Siguiendo con su faceta como cineasta, dirigió a su esposa Joanne Woodward en tres filmes, uno de ellos “Rachel, Rachel”, que le valió a ella una nominación al Oscar, mientras que en “The Glass Menangerie” de 1986, Woodward estuvo nominada a La Plama de Oro de Cannes.

En cuanto a laureles, fue distinguido en 10 ocasiones con la nominación al Oscar, pero fue hasta 1986 en “El Color del Dinero” de Martin Scorsese, cuando se llevó la dorada estatuilla. Su personaje, “Fast” Eddie Nelson, era el mismo que había encarnado en “The Hustler” de 1961, convertido ahora en un experimentado jugador de billar que heredaba sus técnicas al joven Tom Cruise.

Su categoría como actor de carácter fue absoluta a pesar de su galanura, ya como pistolero en “Buffalo Bill and the Indians” (Robert Altman, 1976), ya como abogado alcohólico en el ocaso, en “The Veredict” (Sidney Lumet, 1982), ya como un perseguido en “Absence of Malice” (Sidney Pollack, 1981).


Aún cuando entraba a la vejez, su porte se mantuvo intacto y su capacidad actoral engrandecida. Una de sus mejores actuaciones la hizo en “Nobody’s Fool” (Robert Benton, 1994), interpretando a un sesentón amargado por el retiro: “Sully es el personaje que más se asemeja a mi”, dijo al diario The New York Times, “es un tipo que dignifica a otras personas y yo quiero ser recordado así”.
Lo consiguió.

En diciembre del año pasado había anunciado que dirigiría para cine una nueva versión de la obra de John Steinback, “Of Mice and Men”, pero en marzo dejó el proyecto, lo que llamaba a malas noticias de salud que después se confirmaron.

Fue apenas en agosto de este año cuando los trabajadores del Hospital Weill Corner Medical Center de Nueva York, filtraron a la prensa que Newman estaba en etapa terminal de cáncer de pulmón; su agente Jeff Sanderson entonces lo negó, pero las fotografías del actor saliendo en silla de rudas, empujado por su esposa, evidenciaron lo inevitable: iba a casa, a morir en paz.

El 28 de septiembre en la noche, Newman murió acompañado de sus cinco hijas y su mujer, Joanne Woodward, con quien estuvo casado 50 años. De ella dijo una vez a Playboy: “Si tengo filete en casa, ¿por qué voy a salir a buscar hamburguesas?”.

Newman era un caballero y además de actor, director y automovilista, fue filántropo en favor de niños enfermos de cáncer, creador de las franquicias “Newman’s Own”, de ensaladas y aderezos orgánicos, cuyas ganancias van al altruismo; era padre de familia que perdió a su único hijo varón por una sobredosis, era el buen amigo fiel que bromeaba todo el tiempo y enfrentaba dignamente su vejez, “la edad no me ha vuelto un viejo llorón y nunca lo hará” dijo a la revista Newsweek.

Paul Newman era además, la última gran estrella de su tiempo. Era perfecto, encantador e inolvidable.
A pesar de que cuando se lanzó a la fama el joven actor Matthew McConaughey, alguans entusiastas y atrevidas columnistas dijeron que era el nuevo Paul Newman, el apodo nunca prosperó y mucho menos cuando apareció su otro "clon" Josh Lucas. No negaré que son del estilo, que la estructra ósea de sus caras les permite presumir que tienen algo a lo Newman...pero, ¿Osar compararse con él? Ni siquiera en Hollywood se permite.




Paul Newman sólo existe uno. Era la última flama de la era dorada de Hollywood. Adiós a su última movie star de leyenda. Le queda la eternidad del celuloide.

lunes, 7 de abril de 2008

Paola Espinosa



Mi última portada con Dia Siete en noviembre del 2008.

Una entrevista con PAOLA ESPINOSA, la clavadista mexicana multiganadora de medallas en el año 2007, con once de ellas; es además la única mexicana en su especialidad, en tener asegurados todos los boletos olímpicos.

Paola habla de los sacrificios que hizo siendo una niña de once años, cuando llegó al Comité Olímpico para convertirse en una profesional del deporte mexicano, habla de sus logros deportivos y cómo su estilo de vida la ha convertido en un mejor ser humano.

Por Gabriella Morales-Casas con fotos de Jaime Navarro.

lunes, 17 de diciembre de 2007

That's Entertainment: Broadway Melody of 1940 clip

Dice Frank Sinatra que este es el mejor baile filmado en la historia. Que Fred Astaire y Eleanor Powell hicieran bailes perfectos, no es novedad, pero que el cinefotógrafo Oliver t. Marge los siguiera de forma tan magistral en este plano secuencia, lo convierte en un material único. "Broadway Melody" de 1940, de Norman Taurog, con música de Cole Porter.